La eurodiputada ha señalado que se podría estar produciendo un conflicto de intereses (puesto que se trata de una de las compañías de gestión de inversiones más grandes del mundo). También ha recordado que BlackRock asesora a Estados Unidos sobre la compra de deuda pública, algo aún más arriesgado en la situación actual de la Unión Europea

El pasado 8 de abril, la Comisión Europea adjudicó a la empresa estadounidense BlackRock un contrato para el desarrollo de herramientas y mecanismos que afectan a la banca. Su objetivo es integrar los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG por sus siglas en inglés – environmental, social and governance) en los procesos de gestión de riesgos de los bancos de la Unión Europea, y en las estrategias comerciales y políticas de inversión de estas entidades.

La eurodiputada Idoia Villanueva ha enviado varias preguntas escritas a la Comisión Europea alertando sobre un posible conflicto de intereses, puesto que se trata de una de las compañías de gestión de activos más grandes del mundo. BlackRock es el principal inversor del IBEX35 y uno de los mayores accionistas de varias entidades financieras españolas.

Además, Villanueva ha solicitado detalles sobre los criterios de adjudicación del contrato y ha apuntado los posibles riesgos de que BlackRock asesore a la vez a Estados Unidos sobre la compra de deuda, en un momento en que los Estados de la UE necesitarán financiarse a través de este mecanismo. “¿Cómo cree la Comisión que afecta a la soberanía económica y estratégica de la UE?”, plantea una de las preguntas.

El documento remitido a la Comisión Europea se hace eco de una denuncia de la ONG Finance Watch que señala que BlackRock no puede ser “juez y parte” en la regulación del sector, dejando en sus manos recomendaciones sobre el tratamiento prudencial de las instituciones bancarias.

A esta compañía “sólo le interesa el impacto financiero que el cambio climático tendrá en las cuentas de las empresas”, pone como ejemplo la ONG, “mientras que la Comisión Europea considera esencial tanto el impacto financiero que el cambio climático tendrá en las compañías como el impacto que las compañías tendrán en el medio ambiente y sobre el cambio climático”.