¿Qué tienen en común “El Culebrete” y “La Mina Muga”?

El primero, un centro de tratamiento de residuos en Tudela, y el segundo un proyecto para abrir una mina en la zona de Sangüesa, a la espera del resultado y sentido de la declaración de impacto ambiental por el Gobierno central. Pues, aparte de que son instalaciones que nadie quiere al lado de su casa, por ejemplo, toneladas transportadas en camiones y emisiones de CO2. 70.000 T/año para pretratar basuras guipuzcoanas, con un tránsito estimado de 11 camiones al día.

Tampoco nos pongamos catastróficos, porque la mina en cuestión produciría 1.050.000 T/año de potasa (casi la misma cantidad de sal), y necesitaría unos 532 camiones al día que atravesarían toda Navarra durante decenios.

Eso sí serían emisiones de gases de efecto invernadero significativas, y dejaría en agua de borrajas las intenciones y el compromiso manifestado por el Gobierno foral respecto a la lucha contra el cambio climático o el pretendido objetivo que figura en su Plan energético, descarbonizar la economía, reduciendo nuestra alta dependencia de combustibles fósiles (sobre todo en el transporte). Ni que decir tiene que Podemos-Ahal Dugu se opone a semejante despropósito medioambiental, aparte del riesgo que implica la cercanía de la pretendida bocamina al embalse de Yesa, menos de dos kilómetros. Imagínense si el Estado perpetra el recrecimiento, con esa ladera que baila salsa.

Volvamos a “El Culebrete”. Transparencia e información, trazabilidad, fijar un destino a los residuos y mejorar el centro. Eso es lo que reclamamos, porque si no, el concepto de economía circular que figura en el Plan de residuos de Navarra recientemente aprobado, podría traducirse, no por el principio que trata de cerrar el ciclo de vida de un producto convirtiendo residuos en recursos, sino en llenar el camión, ponerlo a dar vueltas y donde nadie te vea o proteste, verter.

Entendemos perfectamente que a la vista de las noticias aparecidas en la prensa, las ciudadanas y ciudadanos de Tudela y Comarca se hayan movilizado de manera muy efectiva, solicitando saber qué es lo que estaba pasando. No vayan a la web de la Mancomunidad de residuos de la Ribera deseando encontrar algo de información, es inútil. Sabemos que “El Culebrete” ha recibido basuras procedentes de otras Comunidades y no ha pasado nada. ¿Por qué ahora sí? Que la basura tenga “euskolabel” es lo de menos. Pero no lo es que, por lo que parece, exceptuando el Presidente de la Mancomunidad, ese Preacuerdo no lo ha visto ningún integrante de la misma. Si a todo esto le sumamos la moción en el Ayuntamiento de Tudela y el juego político, sobre todo de UPN, (ver para creer), pues la cosa se complica.

La incertidumbre sobre si la localidad de Arnedo iba a ser la agraciada, resuelta hace pocos días, o si será la permanente o la Asamblea de la Mancomunidad quien decida. En fin, que el problema no es si Tudela pretrata o no esa fracción resto, con buen control, acondicionamiento de la instalación, mejora de las deficiencias detectadas y porcentajes de reciclaje, no debiera pasar nada digno de mención. Son los modos de funcionar en el oscuro mundo de las basuras, con esas grandes empresas, gestores y lo que hay detrás de todo ello, lo verdaderamente preocupante. Hay que cambiar el modelo de gestión de los residuos, esto es una evidencia.

Terminaremos mencionando un comunicado de prensa de la Unión Europea sobre economía circular, que enlaza los residuos y la potasa (fabricación fertilizantes inorgánicos) de la mina Muga. Según el comunicado, la Comisión Europea prepara un nuevo Reglamento para fomentar la reutilización como fertilizantes agrícolas de los residuos orgánicos que ahora se eliminan como residuos, lo que implica un doble coste económico y medioambiental. Cada año, la UE importa unos 6 millones de toneladas de fosfatos, cuando buena parte de esa cantidad podría sustituirse por fertilizantes obtenidos a partir de lodos de depuración, residuos biodegradables, harina de carne y huesos o estiércol. Se calcula que si se reciclase más la materia orgánica, podría sustituir hasta el 30% de los abonos inorgánicos que ahora se importan y son extraídos de minas u obtenidos en plantas químicas (con elevado consumo energético).

Escribiremos a los Reyes Magos, Olentzero y Papá Noel, para que la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona optimice su gestión de la materia orgánica y vaya de paso pensando en una solución para la fracción resto, garantizando el principio de proximidad, pues 2023 está a la vuelta de la esquina. Y para que el Gobierno de Navarra apueste de verdad por la Economía circular y recele de proyectos extractivos mastodónticos. Si se quiere, se puede.

Rubén Velasco, parlamentario y el grupo de medio ambiente de Podemos Ahal Dugu