Escribía Jaime del Burgo, padre del conocido político Jaime Ignacio, en el prólogo de una de sus obras de divulgación de Navarra que si una persona de otra Comunidad preguntara por su identidad a un navarro éste no dejaría de recordarle con cierta picardía el orgullo de que Navarra fue Reyno. Aquel prólogo, escrito en otro tiempo y en otras circunstancias políticas, no deja de ser un exponente de una determinada manera de pensar en la que se podía ser navarro, pero con permiso. Y contiene la máxima broma que alguien podía gastar sobre la unidad de destino en lo universal, la unidad constitucional de la monarquía, o sobre cualquier otra formulación que el centralismo imperante en cada momento tuviera a bien. Lo realmente fundamental es que esta gente que ha regido los destinos de Navarra siempre ha estado al servicio de unas élites que, bien en Navarra bien en el Estado, han ido construyendo un status quo cada vez más favorable a sus intereses. Status quo que en la actualidad llega a su máxima expresión con la adopción de un liberalismo rampante que ha hecho que quienes tienen el poder económico en la Comunidad Foral se hayan desentendido del compromiso con el pueblo del que proceden para dedicarse a jugar en el casino de la globalización económica mundial.

Podríamos pensar que ahí acaba todo y que, embebidos en las múltiples ocupaciones encaminadas a enriquecerse cada vez más, se hubieran desentendido de los destinos de una patria chica y que, como en tiempos de Carlos el Malo, se hubieran contentado solo con aportar armas y dinero a la ambiciosa consecución de otros tronos. Pero siempre se puede rizar más el rizo. El poder no deja resquicios, y por eso durante los últimos tiempos hemos visto que, ante la aprobación de leyes sociales progresistas en el Parlamento de Navarra, el Gobierno del Partido Popular, con el apoyo cómplice de UPN, procedía a recurrirlas al Tribunal Constitucional con el fin de lograr como mínimo su suspensión. Así, unilateralmente, sin ningún tipo de espacio para el diálogo y la negociación política. Ahora dice UPN que esas leyes son inconstitucionales y que ya lo sabíamos. Se convierten en juristas, en juez y parte, y aplauden el proceso unilateral realizado por el Estado para oponerse a nuestra voluntad legítima.

Por otra parte, y en la misma línea que UPN y el Partido Popular, el PSOE no ha dudado en llegar a acuerdos con un partido marcadamente centralista como Ciudadanos que, entre sus prioridades más inmediatas, se marca la de acabar con el “privilegio” del Convenio Económico de Navarra. Se entiende así que todos ellos critiquen que PODEMOS-AHAL DUGU, mediante el acuerdo con otros partidos, haya firmado una Proposición no de Ley en el Congreso para defender la soberanía del pueblo navarro frente al ataque que constituye la sistemática insistimos, sistemática interposición de recursos frente a leyes con un carácter marcadamente social y que, en su mayoría, son competencia exclusiva de Navarra.

La concepción del autogobierno de la derecha navarra es que sólo es válido si responde a la defensa de sus intereses particulares. Sólo si les dejan las manos libres para hacer y deshacer con el dinero de todos los navarros y navarras, vistiendo con el manto del progreso el paso del despilfarro en la procesión de la cofradía del cemento. No podemos esperar otra cosa de gente con esa forma de ver las cosas y con esos intereses.

Ciudadanos acaba de proponer una reforma constitucional exprés con la que se pretende recortar derechos a la ciudadanía a sus espaldas y bloquear los cambios y las reformas profundas que necesita la gente que está sufriendo la crisis y la corrupción. Y el PSOE la ha aceptado. No podemos permitir más recortes a nuestro autogobierno ni más recortes a los derechos sociales.

Si vais a hacer algo para defender nuestro autogobierno en beneficio de la ciudadanía navarra, podéis decírnoslo porque estamos deseosos de escucharlo. Y si no, podéis seguir criticando a los que levantamos la bandera de la democracia para defender los derechos sociales; esto último es mucho más fácil. De cualquier forma, nosotras seguiremos adelante a pesar de vuestras críticas.

Eduardo Santos (Diputado de Podemos Navarra) y Ione Belarra (Diputada de Podemos Navarra, miembro del Consejo Ciudadano Estatal y de Navarra)