Melancolía es la palabra que define los esfuerzos baldíos de la derecha navarra de UPN en el reciente pleno de investidura celebrado en el Congreso de los Diputados. Fue el estado de ánimo que envolvió al representante de este partido, detectado al punto por el sensible Rajoy (al parecer el PP está recuperando su perdida piel) y que resultó en un sentido abrazo cuando bajó de la Tribuna. El consuelo debió ser efímero, a pesar de la indudable calidez del gesto. Tan efímero que la inmediata respuesta del candidato Sr. Sánchez debió volver a sumirle en el estado de ánimo que mejor define la situación del Partido regionalista. Su discurso en favor de la gran coalición a la navarra que, en su opinión, ha posibilitado altas cotas de bienestar en Navarra y que posibilita el entendimiento entre los autodenominados partidos constitucionalistas fue respondida con una frase. Escueta tal vez. “No, gracias”.

¿Merecía más el Sr. Alli? No estamos en la piel del que respondía. Solo sabemos a ciencia cierta que sus denodados esfuerzos no fueron coronados por el éxito. Pero escuchémoslo. El Sr. Alli vino a defendernos a nivel de todo el Estado de las hordas radicales, anarquistas y separatistas que tristemente para él, se enseñorean en el Gobierno de Navarra. Nada nuevo en la defensa de la reserva espiritual foral. Sin embargo, el Sr. Alli nos sorprendió algo más cuando definió a su formación como tremendamente progresista en lo social, y sobre todo cuando acabó diciendo que votaría “cualquier iniciativa venga del partido que venga”. Dejando aparte el pretendido progresismo social de UPN que, un tanto misteriosamente, no acaba de convencer a la ciudadanía, cabe destacar la estupenda disposición de UPN para lo que sea, lo que en cierto sentido le acerca a la postura política del nuevo partido bisagra: Ciudadanos. Y aquí ligamos con otra cuestión que ocurrió en el Pleno y que también puede mover al asombro en diferido. UPN esgrimió cómo una de las razones para no apoyar la investidura del PSOE, basada en el pacto con Ciudadanos, era el escaso aprecio de este último partido por el régimen foral. Pero ocurre que en la política la coherencia es a largo plazo y veremos si tras la fallida investidura de Sánchez no toma cuerpo un nuevo pacto entre PP y Ciudadanos al que se invite a otras fuerzas a sumarse.

¿Qué hará entonces UPN? ¿Qué harán sus representantes? Sin duda sus corazones divididos entre su pretendida alma liberal en lo económico, progresista en lo social y defensora a ultranza del Fuero se verán rotos en mil pedazos. Habremos de ver si se recompondrán poco a poco con gran sacrificio ideológico y en favor del mantenimiento del orden social y los privilegios de las élites económicas navarras. Porque no nos queda claro si Ciudadanos es para UPN una fuerza “constitucionalista” con la que es lícito llegar a acuerdos o no. Y estaría bien saberlo, dado la inveterada costumbre de este partido de repartir legitimidades para participar o no en pactos o acuerdos y elaborar teorías con quesitos. No deja de llamar la atención la insistencia con la que han reclamado siempre el apoyo del PSN a sus gobiernos, dado que es lo “mejor para Navarra”, y sin embargo no parecen dispuestos a darlo a la inversa. O al menos no en este momento, cuando es el PSOE el que pide su apoyo con el mismo argumento para el Estado. Aquí resulta que es que el PSOE no es la fuerza más votada. Roma no paga a traidores.

Por lo demás nada nuevo en un discurso ya escuchado tantas veces. La repetición como un mantra vacío del término pacto, reminiscencia ideológica de un navarrismo que se encuentra cómodo en la cesión incondicional del autogobierno. La anexión a Euskadi. La Transitoria Cuarta…solo faltó como muestra de su progresismo a ultranza la airada defensa de la misa de rigor en Javier el día de Navarra. Ni una palabra sin embargo sobre los recursos ante el Tribunal Constitucional interpuestos por el PP frente a las Leyes sociales emanadas del Parlamento de Navarra. Resulta ya un tanto anacrónico y cansino escuchar tantas veces el mismo discurso del que está tan alejada la ciudadanía que ha cargado la crisis sobre sus hombros. Tal vez por ese cansancio se explica la respuesta de Sánchez a todo este discurso. “No gracias”. Con esas dos palabras rechazó el pacto “a la navarra” con el PSN propuesto una vez más por la derecha con el argumento de la exclusión de los demás. No sé si sus correligionarios del Partido Socialista que ocupan escaños en el Parlamento de Navarra habrán tomado alguna nota de esto. Si lo han hecho, estaría bien que dejaran de formar parte del tripartito de la oposición y aporten algo de una vez siquiera para construir una izquierda en Navarra de la que ya no son el referente principal y ni, creemos, la alternativa de futuro.

Eduardo Santos, diputado navarro en Madrid

Ione Belarra, diputada navarra en Madrid

Idoia Villanueva, senadora autonómica