El lunes asistí en Iruña a la mesa redonda sobre testimonios personales con personas migrantes y refugiadas, organizada por Oxfam Intermón y Médicos del mundo.

Es desde estas historias personales de donde una puede hacerse a la idea de la crudeza, de la realidad, que se vive minuto a minuto, todos los días, en nuestra Europa.
Se habla de personas con nombres y apellidos, personas con su oficio, su familia, su vida. Personas, como nosotras, que hace unos años no podían imaginar que a su alrededor, iban a comenzar a caer bombas, haciendo de su hogar, un lugar inhabitable. Personas que cogen de su casa la manta y un teléfono móvil, agarran de la mano a sus hijos e hijas, y se lanzan a la búsqueda de un lugar seguro.

Se habla del negocio de las personas refugiadas. De los bares conocidos donde diariamente se cierran los pasajes hacia el horror. De cómo han ido creciendo los comercios en la costa turca con material de huida. Chalecos, falsos. Chalecos, que no flotan. Chalecos que nadie vigila. Montañas de chalecos arrastrados hasta la orilla, testigos del frío, del sufrimiento y del miedo.

Se habla de cómo, mientras los voluntarios y voluntarias, siempre ellos y ellas, hacen lo que pueden para aferrar a estas personas a la orilla, reparten mantas y un primer abrazo, llegan personas silenciosas que rajan las lanchas y las introducen en furgonetas. Lanchas con motores señalados que una y otra vez cruzan el Egeo.

Se habla de cómo el primer esfuerzo es el de mantener a las familias unidas, de proporcionarles algo seco y caliente, de cómo tienen que abandonar el primer campamento porque siguen llegando, no hay sitio.

Esto ocurre cientos de veces, a diario. Ahora mismo esta ocurriendo. Ante el inmovilismo y los ojos cerrados de Europa.

¿Que pasa con los 3.000 millones que Europa activa para Turquía? ¿Ayuda que se irá transfiriendo a medida que se identifiquen proyectos de apoyo a los refugiados y refugiadas?

¡Están muriendo!
Ni son nuevas las personas que huyen de guerra y miseria ni hay que irse hasta Turquía o Lesbos para vivir el drama de los y las migrantes que podemos ver en nuestras fronteras.

¿Qué mensaje estamos dando a nuestra infancia, a nuestro futuro?

Nos toca exigir en las instituciones lo mismo que en la calle, que no, que esta no es la Europa que queremos. Que no es la sociedad en la que queremos vivir. Nos toca pedir explicaciones, responsabilidades y acciones.

Estas personas están huyendo de la guerra , la persecución y el hambre . Sin embargo, Europa está cerrando sus puertas – un recuento de la muerte en el mar Mediterráneo de 363 hombres, mujeres y niños en enero de 2016 y las condiciones deplorables en campamentos de refugiados y refugiadas como Calais y Dunkerque hablan por sí mismos.

La necesidad de proporcionar un paso seguro, nunca ha sido más urgente .

El 27 de febrero nos vemos en el Ayuntamiento de Iruña para unirnos a la marcha Europea en la que en la que exigiremos garantizar los derechos humanos fundamentales de las personas que buscan protección.

Idoia Villanueva, senadora autonómica por Navarra.