Hemos pasado un fin de semana intenso en Ceuta y Tánger. Son muchos los recuerdos que nos llevamos en la mochila de vuelta a casa.
La música. El sonido de un violín y las voces desgarradas de quienes se lo jugaron todo para encontrar la nada en una ciudad fortín. Se entremezclan antes de marchar por la dignidad dos años después de que al menos quince personas encontraran la muerte persiguiendo sus sueños. Una niña. La hija de una compañera de Podemos que corre hacia ella en medio de la mesa redonda y se sienta plácidamente a su lado ante los ojos de los más de ochenta asistentes. Y es que como solemos decir, aunque a veces parece imposible, la vida siempre puede más. A pesar de las vulneraciones de derechos, de las lágrimas que se vierten a un lado y otro de la frontera, la vida, luchadora, perseverante, arrebatadora, siempre puede más. Los asientos. En una casa humilde de la medina de Tánger, Samsa (nombre ficticio) nos enseña unas cuantas cicatrices que recorren su piel y otras muchas que marcan su corazón. Sus hijos e hijas salen rápidamente de la estancia cuando llegamos. Los asientos donde nos invita a escuchar su historia son camas de noche, mesa y salón de día. Los medios son humildes pero la determinación de Samsa se ha mantenido inquebrantable en sus más de cinco años de tránsito hacia Europa.
Las 49 personas desaparecidas. Mientras nos encontramos en Ceuta, una patera con 49 personas a bordo se encontraba desaparecida desde el martes. No sabemos nada de ella. Salvamento había empezado a buscar con menos intensidad… El espigón. De apenas 20 metros, rodeable a pie con marea baja. El espigón donde se ahogaron 15 personas. Una chapa que colocaron los compañeros y compañeras de la sociedad civil el año pasado es lo único que recuerda sus muertes.
Las muertes, las 49 personas desaparecidas, la tristeza de Samsa, la niña de nuestra compañera, el sonido de las voces y del violín no son hechos aislados. Son la cruda concreción de una política migratoria determinada, elegida por quienes nos marcan el son de la Europa-Fortaleza. Son los mismos. Los mismos que recortan en sanidad y educación, que hacen caso omiso de nuestro sufrimiento, han decidido inhabilitar cualquier vía legal y segura para llegar a nuestro país o a Europa. Así que la gente, ante la imposibilidad de pedir un visado (algo imposible en los países del áfrica subsahariana) o de solicitar protección internacional en terceros países, tiene que jugarse la vida en rutas que son cada vez más largas, más peligrosas y en las que se vulneran los Derechos Humanos de forma sistemática. Otra política migratoria es posible. Yo lo sé. Ellos lo saben también. Sin esta política migratoria no habría miles de trabajadores en situación irregular dispuestos a trabajar bajo cualquier condición. Sin esta política migratoria no podrían construir un enemigo externo que evite que hablemos de la corrupción del PP de Valencia.
Hemos ido a Ceuta a escuchar, a aprender, a recordar a quienes nunca son recordados. A pedir para ellos verdad, justicia y reparación. Pero, sobre todo, garantía de no repetición. Una política migratoria que respete los Derechos Humanos es posible. Las muertes, el sufrimiento puede terminar. El problema es que eso acabaría también con los privilegios de los pocos que se enriquecen a costa de nuestros muchos.

Quería agradecer profundamente a todos los y las compas de Podemos Ceuta la magnífica acogida. Nos hemos sentido como en familia. Y a la preciosa compañera de viaje Isa Franco por su buen hacer. No acabo de llegar y ya estoy pensando en volver

 

Ione Belarra Urteaga – diputada navarra por Podemos